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jueves, 21 de octubre de 2010

El día que hizo Él

La palabra de Dios dice en el libro de Salmos 118:24
"Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él."

No existe un día igual a otro. Es único y especial y dispuesto bajo la soberania de Dios para nuestra vida. Es una oportunidad de comenzar de nuevo, desde cero, como en una página en blanco. Al comenzar este día, debo pedir los frutos del Espiritu Santo a fin de que la paz y el amor de Dios se manifiesten en mi vida, en el dia que el Señor creo.

En estas condiciones puedo experimentar el bien de Dios en todo su esplendor. En vez de mirar hacia atrás, a las preocupaciones del pasado, disfruto el momento -aquí y ahora- y la paz que me proporciona.

Hoy es un nuevo día, un día en el que dejo ir todo temor o estrés, un día en el cual no necesito preocuparme ni inquietarme. Existe sólo el ahora, sólo Dios por medio de Jesus y, con Jesus a mi lado, el bien es ilimitado.

jueves, 14 de octubre de 2010

Llenos de alegría

Lo has bendecido para siempre; lo llenaste de alegría con tu presencia. 
Salmo 21:6

De niños, quizás hayas aprendido que debías ganarte todos los regalos de tus seres queridos o beneficiarte con la bondad de tus padres. En la escuela, los premios eran otorgados por un logro especial: buen comportamiento, aplicación, responsabilidad. En el trabajo, los ascensos son dados a los que más se esfuerzan y alcanzan exitosamente sus objetivos.

Así mismo, puede que también hayas creído que Dios recompensa sólo a quienes hacen un esfuerzo extra. Este pensamiento no es correcto. La gracia de Dios está disponible para todos los seres humanos. Esa gracia me enseña que soy amado en el lugar donde estoy parado, sin importar lo que haya hecho o no.

No tengo que ganarme el amor de Dios. Él es el Padre y nos amó tanto a nosotros que envió a su Hijo Jesucristo para dar su vida a cambio de nuestra salvación. Lo único que Dios demanda es una decisión: aceptar ese sacrificio de Jesús e invitarle a Cristo a que entre a nuestros corazones. Nada de lo que podamos hacer puede anular el perdón que Dios trajo a la humanidad a través de Jesús en la cruz.

Esa presencia de Dios es la que nos llena, nos completa, nos transforma, nos hace revosar en gozo y nos bendice abundantemente. Esta es la mejor recompensa que podemos aspirar: la gracia de Dios manifestada en nuestras vidas.

jueves, 9 de septiembre de 2010

En la quietud

Al cerrar los ojos para orar o meditar, todo se aquieta. El simple hecho de cerrar los ojos abre mi corazón a Dios. A medida que mi corazón se abre, disfruto del amor, compasión y consuelo profundo.

No necesito buscar a alguien o algo para sentir consuelo. Lo único que tengo que hacer es recordar mi unidad con Dios y con la naturaleza siempre presente de su amor. Recuerda que el Espíritu Santo es el consolador que Dios envió a la tierra para ayudarnos en las aflicciones.

Deja ir toda preocupación, consciente de que la mejor respuesta será evidente para ti. Deja ir toda inseguridad y duda. Al sentir el amor de Dios, sé que todo está bien. Estoy a salvo y plenamente protegido. Cada día tomo tiempo para aquietarme y orar. En el silencio, siento el consuelo de un amor infalible. 

En Salmos 107:30 dice 
"Luego se alegran, porque se apaciguaron, y así los guía al puerto que deseaban"