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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Oiga

Dice la palabra de Dios en el libro de Marcos 4:9
“El que tiene oídos para oír, oiga.”
Ciertos sonidos conocidos nos alertan de lo que debemos hacer: El sonido del reloj despertador anuncia que es hora de comenzar el día. El sonido del teléfono nos indica que debemos responder una llamada. El timbre de la casa anuncia la llegada de un visitante. Siempre estamos receptivos y a veces pendientes en exceso a oír este tipo de sonidos.

Sin embargo, es en el sonido del silencio que recibimos la guía más profunda del Espíritu Santo de Dios. Descansamos silenciosamente en un lugar tranquilo y cómodo. Respiramos, nos relajamos y nos armonizamos con esa guía especial que nos llega. Es importante oír la voz y el susurro del Espíritu Santo en nuestra vida.

Nuestra fe en la guía divina se expande no tiene limites y aumenta nuestra receptividad a ella. Las soluciones y las respuestas se vuelven claras como el cristal. Con este tiempo en oración reflexiva, edificamos discernimiento y confianza. Somos bendecidos a medida que nos  movemos bajo la cobertura de nuestro Dios Jesús.

viernes, 5 de marzo de 2010

Oir contínuamente

Si definimos la palabra "oir" encontramos que quiere decir: Percibir los sonidos a través del oído; escuchar. También oir quiere decir: percibir, advertir, notar, sentir, atender.
Si a estas palabra le agregamos la palabra "contínuamente", o sea "oir contínuamente", podemos darnos cuenta que es la gasolina que enciende el motor de la fe. Si aplicamos este principio podemos trasformarnos en gigantes de la fe.
La palabra de Dios dice en Romanos 10:17 "Así que la FE viene por el oír y el oír por la palabra de Dios". Si aún no tienes la suficiente fe para convertirte en creyente, déjame decirte que la fe es un proceso cuyo secreto es no dejar de ejercitarlo.
Saca de tu vocabulario la frase "no tengo fe". En el libro de Romanos 12:3 "Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno".
Tenés fe dada por Dios. No la menosprecies, aprovéchala en todo.