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viernes, 26 de febrero de 2010

¿Qué es la duda?

La duda es la palabra griega “aporeo” que literalmente significa estar sin camino, estar sin recurso, estar en apuros, estar confuso y perplejo llegando a estar ansioso y desesperado, estar entre dos caminos y no saber que hacer, no tener esperanza.
Los peores enemigos del hijo de Dios son la incredulidad y la duda. En la palabra de Dios encontramos un pasaje en el libro de Mateo 14:31 "Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?"
La duda es tan perversa que nos divide el pensamiento entre: confiar, desconfiar, me sanaré o me enfermaré, trabajaré no trabajaré, será o no será.
La decisión es tuya. La alternativa está entre la fe y el temor es la duda. Lo opuesto a la fe es el miedo. El miedo te llevará a dudar de Dios y de su palabra.
La palabra de dice en Santiago 1:6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que DUDA es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
Si tenés duda en tu corazón sobre algo, confiésalo al Señor por medio de Jesucristo y pídele al Espíritu Santo que te guié.

jueves, 25 de febrero de 2010

¡¡Vida!!

En la primera parte de Juan 10:10 está escrito: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;"
Satanás es el ladrón de nuestras vidas. Su propósito es destruirnos completamente. Él busca robarnos la felicidad, la salud, los bienes que tenemos y hasta nuestra familia. Esto generará en nosotros una profunda depresión y deseos de dejar de existir.
Si nuestra vida no está aferrada a Dios, el diablo tiene libertad para cumplir su propósito contra nosotros. Satanás buscará por todos los medios desordenar nuestras vidas. Para ello tiene sus herramientas: la cultura, las tentaciones, las maldiciones y muchas otras estrategias que el maligno utiliza para destruir al ser humano
Pero la continuación de Juan 10:10 dice: "yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia".
Dios envió a su hijo Jesucristo para devolvernos la vida que Satanás pudo habernos robado en algún momento. Si el diablo te robó la salud, Jesucristo vino para sanarte y curar tus heridas. Si el diablo te robo bienes materiales, Cristo vino para darte sus riquezas. Si satanás te despojó de tu familia, el Dios de amor quiere renovar tu relación con tu esposa y tus hijos.
Pero a Dios no le basta con solo darte vida: Él quiere que la tengas en abundancia. Es decir, todo lo que el diablo te robó, destruyó o mató de tu vida, Jesucristo promete devolvértelo y en abundancia.
Si deseas que la vida abundante de Dios venga a tu vida, no dudes en entregarle a Jesús tu corazón. Reprende a satanás para que huya de tu vida y dale la gloria a Dios por la vida que día a día te da.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El Espíritu Santo

La palabra de Dios dice en Hechos 1:8 "pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra". En Hechos 2:4 dice "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen".
Es importante que entendamos que el Dios Padre, el Dios Hijo y el Dios Espiritu Santo son una sola persona de la Trinidad perfecta, aunque operan de diferente manera.
En la tierra Jesucristo, el hijo de Dios, nos dejó el gran ayudador y consolador que es el Espíritu Santo. Dice el libro de Juan 14:26 "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho".
El Espiritu Santo de Dios es una persona que puede sentir, percibir, responder. Se entristece, aconseja, ayuda. Es el maestro, el guía, y si lo invitas, viene a tu vida. Si lo rechazas, se aparta.
Todos los seres humanos tienen disponible al Espiritu Santo de Dios. Pueden activarlo o dejarlo sin disfrutar de su gran compañía.
El Espiritu Santo siempre estará contigo. No lo dejes, acéptalo en tu corazón y revolucionará con la experiencia en tu vida.

martes, 23 de febrero de 2010

No os engañéis II

La Palabra de Dios dice en GalataS 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado, Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará."
Es extraordinario poder entender que esta es una ley natural y tambien espiritual que se cumple con rigor en nuestras vidas. Y se cumplen inexorablemente.
La palabra utiliza la expresión “todo”. Esto significa que no hay excepción, es un absoluto. Es imposible pensar en una vida sin tomar decisiones rápidas, según la naturaleza de la misma, pero la gran diferencia es que si primero le consultamos al Señor por medio de Jesucristo y estamos atento a su voz, las consecuencias serán de bendición.
Llevando al campo natural, si sembramos una naranja, vamos a cosechar naranja, no manzanas. Si continuamente estamos en pecado, lo que vamos a cosechar es una vida desordenada. Si nuestra relación con Dios es contínua, amena y motivada por su el poder de Espíritu Santo, entonces vamos a cosechar el fruto de este último. Ese fruto se manifestará en nuestras vidas: amor, gozo, paz, paciencia.
Debemos recordar que nada podemos ocultarle a Dios. No hay detalle que se le escape al Señor. Por lo tanto debemos ser concientes de que nuestras acciones tienen una consecuencia en la eternidad.
Las leyes espirituales son tanto para los creyentes y no creyentes en Dios. Si hasta hoy no conocías esta ley, es tiempo que examines tu vida. Comienza a sembrar tiempo con Dios y en el momento de la cosecha verás cuán buenos resultados trajo esa siembra.

lunes, 22 de febrero de 2010

No os engañéis

La Palabra de Dios dice en Galatas 6:7 "No os engañéis; Dios no puede ser burlado."
A diario tomamos decisiones o tenemos pensamientos que nos llevan a comportarnos de una determinada manera. En muchos casos, al tomar esas decisiones, no pensamos en las consecuencias que pueden acarrear a corto, mediano o largo plazo en nuestra vida y en el futuro.
Estas decisiones que ejecutamos, muchas veces la hacemos de forma unilateral, sin la comunicación con nadie ni con nada. Otras veces las hacemos en silencio, en secreto, ocultadamente para que nadie lo sepa, o en nuestro afán de ser los "dueños de nuestras decisiones". Esto ocurre cuando nuestra mente es una calderas de pensamientos engañosos y de mentira.
La palabra de Dios nos advierte: "no os engañéis", y Él sabe por qué dice esto: No podemos ocultarle cosas a Dios. Ni lo bueno, ni lo malo que hay en nosotros. En Marcos 4:22 dice "Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz".
Ocultándole cosas a Dios, solo dañamos la relación con Él. Alejándonos del Creador, nos distanciamos de todo lo bueno. Las consecuencias pueden ser nefastas: descuidamos la familia, tomamos decisiones que comprometen la estabilidad personal y familiar, y tambien hacemos daños a otras personas totalmente inocentes.
Debemos entender que como hijos de Dios somos templo del Espíritu Santo. No podemos esconder pecado en el templo de Dios. No podemos ocultarle nada.
Si hasta hoy creiste que podías ocultarle cosas al Señor, es tiempo de que seas sincero con Él. Confiésale las cosas ocultas de tu corazón, entrégale en sus manos tus problemas y Él se encargará de todo.